¿Qué palabras hay que
aprender primero?
Las 1.000 familias de palabras más frecuentes cubren alrededor del 72% del texto escrito y más del 80% del hablado, mientras que el décimo millar aporta menos de un punto porcentual (Nation y Waring, 1997; Nation, 2006). Elegir bien las palabras pesa más que elegir bien el método, y el orden no es cuestión de gustos: agota las primeras 2.000–3.000 familias y pasa después a las bandas de frecuencia media, entre 4.000 y 9.000, que Schmitt y Schmitt (2014) describen como demasiado raras para absorberlas por exposición y demasiado comunes para saltárselas. A partir de ahí, la mejor palabra siguiente es la que acabas de necesitar y no tenías.
Todas las cifras están referenciadas al final de la página

La frecuencia es brutalmente desigual
Casi todos los consejos tratan el vocabulario como un montón que hay que ir vaciando, donde cualquier millar de palabras vale más o menos lo mismo que cualquier otro. El idioma no se reparte así. La frecuencia sigue una ley de potencias muy inclinada — el patrón que describió Zipf (1949) —, en la que un puñado de palabras representa casi todo lo que se dice y se escribe, y el resto se adelgaza en una cola larguísima.
La consecuencia práctica es que las bandas no son intercambiables. Cada fila de abajo es un millar de familias de palabras, en orden de frecuencia, con lo que esa banda añade a tu cobertura del texto escrito corriente.
| Banda de frecuencia | Cobertura que alcanza | Qué hay dentro |
|---|---|---|
| Primeras 1.000 familias | Alrededor del 72% del texto escrito y más del 80% del hablado | Las palabras funcionales y los verbos y sustantivos cotidianos con los que se monta cualquier frase: el bloque más rentable que aprenderás jamás |
| Segundo millar | Te lleva hasta cerca del 80% | Unos 8 puntos más por el mismo número de palabras; siguen siendo vocabulario ordinario y nada que se pueda omitir con sensatez |
| Tercer millar | Te lleva hasta cerca del 84% | Unos 4 puntos más: la última banda que paga en porcentajes enteros y el final de lo que Schmitt y Schmitt (2014) llaman vocabulario de alta frecuencia |
| Del cuarto al noveno millar | Te lleva del 84% hacia el 98% | La franja de frecuencia media: uno o dos puntos por banda, demasiado rara para encontrarla a menudo, demasiado común para dejarla fuera |
| Más allá del décimo millar | Menos de un punto por millar | La cola de Zipf: decenas de miles de palabras que aparecerían una vez en años de lectura, y ninguna de ellas urgente |
Los porcentajes de cobertura son de texto escrito y proceden de Nation y Waring (1997) y Nation (2006); el habla da cifras más altas en las bandas bajas y más bajas en las altas, porque la conversación reutiliza un núcleo más pequeño. Son datos del inglés: las lenguas con flexión más rica reparten distinto, porque allí una familia de palabras cubre más formas distintas. Lo que se traslada a cualquier idioma no son los porcentajes exactos sino la forma de la curva, empinada al principio y casi plana en el décimo millar.
Tres listas distintas se llaman «las palabras que hay que aprender»
Las discusiones sobre qué vocabulario estudiar suelen ser discusiones entre gente que tiene tres listas diferentes en la mano y usa la misma palabra para todas. No son rivales: son etapas, y cada una acierta en un sitio distinto.
- La lista de frecuencia. Palabras ordenadas por lo a menudo que aparecen en un corpus grande. Objetiva, impersonal e imbatible por debajo del tercer millar, porque esas palabras salen en todo lo que vayas a leer o escuchar. Su punto débil es que no sabe nada de ti, y eso deja de dar igual justo cuando las palabras dejan de ser tan comunes que nadie podría esquivarlas.
- La lista temática o del manual. Palabras agrupadas por situación: aeropuerto, restaurante, oficina. Sirve para una necesidad concreta y cercana, y es fácil mantener la motivación, pero es ciega a la frecuencia: una lista temática te enseñará tan contenta un sustantivo raro antes que un verbo corriente, y además las palabras del mismo campo semántico presentadas juntas interfieren entre sí mientras aún son nuevas.
- Tus propias palabras. Las que buscaste porque querías entender o decir algo concreto. Traen una ventaja real de codificación — Laufer y Hulstijn (2001) encontraron que una palabra que necesitaste, buscaste y cuyo sentido tuviste que elegir se retiene mejor que una que te dan hecha —, pero llegan sin orden ninguno y, dejadas solas, tiran hacia lo raro.
La pregunta vecina, cuántas palabras son en total según el objetivo y el nivel MCER: cuántas palabras hacen falta para hablar un idioma.
Qué hace que una palabra merezca tu próximo encuentro
Cada encuentro cuesta los mismos pocos segundos, así que la única pregunta que importa es qué compran esos segundos. Cada fila es una propiedad que cambia el valor de una palabra, lo que dice la evidencia sobre ella y cómo aplicarla sin llevar una hoja de cálculo.
| Qué mirar | Qué dice la evidencia | Cómo se ve en la práctica |
|---|---|---|
| En qué banda está | Nation y Waring (1997); Nation (2006): los tres primeros millares compran cobertura en puntos enteros; los siguientes, en fracciones | Agota primero el núcleo de alta frecuencia: ningún objetivo cambia este orden, porque es un hecho del idioma, no tuyo |
| Si la exposición te la va a traer | Schmitt y Schmitt (2014); Cobb (2007): las palabras de frecuencia media son demasiado raras para que la lectura sola dé encuentros suficientes | Las palabras entre 4.000 y 9.000 son para lo que sirve de verdad el repaso deliberado; el primer millar te lo vas a cruzar hagas lo que hagas |
| Si aparece en lo que tú consumes | Webb y Rodgers (2009): unas 3.000 familias cubren el 95% de la televisión y 7.000 cubren el 98% | Por encima del tercer millar, lo que ves y lees de verdad selecciona mejor que un ranking general de corpus |
| Si la necesitaste tú | Laufer y Hulstijn (2001): necesidad, búsqueda y evaluación suben la retención al margen de la exposición | Una palabra que buscaste para poder decir algo llega medio codificada; guárdala, pero al lado del núcleo y no en su lugar |
| Si es casi gratis | De Groot y Keijzer (2000): los cognados se aprendieron antes y se olvidaron más despacio que los no cognados equivalentes | Sáltate los cognados que ya sabes usar, pero conserva los falsos amigos, que se aprenden mal con la misma facilidad |
| Cuánto arrastra consigo | Bauer y Nation (1993): un miembro de la familia hace previsibles sus flexiones y derivaciones regulares | Una palabra base vale más que una derivada: aprender ayudar te entrega ayuda, ayudante, ayudado |
Solo la cuarta fila habla de preferencias. Las otras cinco hablan de la estructura del idioma y de la estructura de lo que tú consumes, y por eso la selección es una palanca que puedes accionar sin saber nada de tu propia psicología. Fíjate también en lo que no aparece: lo interesante que sea la palabra, lo bonita que suene y si venía en la lección por la que ibas.
El problema de la frecuencia media
Schmitt y Schmitt (2014) hicieron una propuesta que suena administrativa y no lo es. Dividen el vocabulario en alta frecuencia — las primeras 3.000 familias, que todos los cursos enseñan —, baja frecuencia más allá de unas 9.000, que nadie enseña ni falta que hace, y una franja intermedia que no tenía nombre y que, en buena medida por eso, tampoco tenía plan. Su tesis es que ahí es donde la mayoría se queda encallada en silencio: es la distancia entre seguir una conversación y leer una novela sin diccionario, y es varias veces mayor que el núcleo en el que todo el mundo se concentra.
Lo incómodo de esa franja es que la aprieta un mecanismo por cada lado. Es demasiado rara para que la exposición se ocupe de ella: una palabra necesita del orden de ocho a doce encuentros espaciados para quedarse (Nation y Wang, 1999; Webb, 2007), y una palabra del séptimo millar sencillamente no aparece tantas veces en nada que leas por gusto. Cobb (2007) modeló exactamente esto, pasando grandes volúmenes de texto por una simulación de aprendizaje incidental, y encontró que la lectura sola dejaba sin aprender la mayor parte de las bandas medias por mucho que se leyera. Y es demasiado común para saltársela, porque son justo las palabras que separan el 84% de cobertura del 98% que Hu y Nation (2000) asocian con entender sin ayuda.
Ese apretón es el argumento práctico a favor del repaso espaciado deliberado, y es curiosamente preciso sobre dónde debe ir el esfuerzo. El primer millar casi no necesita ayuda: te lo vas a encontrar constantemente en cualquier entrada. La cola más allá de las diez mil tampoco la necesita, porque no corre prisa. La franja de frecuencia media es el único sitio donde el encuentro no va a ocurrir solo y la palabra merece la pena, lo que equivale a decir que el valor de un sistema de repaso depende casi por completo de qué palabras metas en él.
Dónde se agota cada fuente de palabras
Toda forma de elegir palabras funciona un tiempo y luego deja de hacerlo. Saber dónde se para es más útil que tener una favorita, porque el fallo casi nunca es que el método fuera malo: es que se mantuvo más allá del punto en el que aún encajaba.
La última fila es la que la mayoría está pisando sin haberse dado cuenta.
| Fuente | Qué entrega | Dónde se agota |
|---|---|---|
| Una lista de frecuencia general | El núcleo, en el orden correcto y más rápido que ningún otro método | Hacia el tercer millar, donde el ranking deja de coincidir con lo que tú consumes y las palabras empiezan a parecer arbitrarias |
| Un curso o una lista temática | Una situación acotada y estructura suficiente para no abandonar | En cuanto necesitas algo fuera del tema, y además nunca estuvo ordenada por frecuencia |
| Leer y ver cosas | Encuentros repetidos y contextualizados con el núcleo de alta frecuencia, sin coste de esfuerzo | En las bandas de frecuencia media, donde Cobb (2007) encontró que los encuentros son sencillamente demasiado escasos para terminar el trabajo |
| Las palabras que recoges tú | Alta carga de implicación y relevancia perfecta para lo que querías decir | En ningún sitio, pero tira a lo raro y sin orden, así que funciona como complemento y fracasa como plan entero |
El patrón que atraviesa las cuatro filas es que ninguna fuente cubre todo el rango, y que la banda de frecuencia media es la que se cuela entre todas: demasiado alta para la lista de principiante, demasiado baja para tus propias búsquedas, demasiado rara para que la entrada la traiga. Lo que esa banda necesita no es una fuente mejor sino más encuentros espaciados de los que da la vida corriente: cada cuánto repasar el vocabulario.
Gastar los segundos en las palabras correctas
Si la selección es la palanca, el trabajo de un sistema es poner delante de ti una palabra elegida las veces suficientes, sin pedirte que programes nada. LearnScreen lo hace con el momento que ya tienes — el gesto de coger el móvil —, de modo que el esfuerzo se va en decidir qué palabras y no en buscarles hueco.
La lista ya viene ordenada
Más de 1.080 palabras seleccionadas en 18 temas, secuenciadas para que el núcleo cotidiano vaya antes que el vocabulario especializado, y no en el orden en que lo introdujo un capítulo de manual. Hay once idiomas disponibles como lengua de estudio.
Tus palabras van al lado
Palabras propias ilimitadas con traducción, transcripción y frase de ejemplo: las de frecuencia media y las que necesitas tú, que ninguna lista general puede predecir, en la misma cola que el núcleo y no en una libreta que dejas de abrir.
Los encuentros llegan solos
El móvil se mira unas 186 veces al día, en torno a 11,6 por hora despierta (Reviews.org, 2026). La API de Tiempo de Uso de Apple permite a LearnScreen bloquear las apps que elijas y poner una palabra donde iba el feed, así que los encuentros que necesita una palabra rara ocurren sin programarlos.
- Un esquema de Leitner decide el orden de vuelta. Las palabras que fallas vuelven antes y las que aciertas se espacian geométricamente, que es lo que convierte una lista larga en un número manejable de encuentros diarios.
- La dosis la pones tú. De 3 a 20 palabras por sesión, y también con qué frecuencia vuelve el bloqueo; con los ajustes por defecto salen unos 25 intentos de recuerdo al día, unos dos minutos y medio repartidos.
- La respuesta queda oculta hasta que tocas. Cada tarjeta es un intento de recuerdo y no una lectura, que es la dirección que transfiere: vocabulario activo y pasivo.
- Funciona sin conexión y sin cuenta. Las tarjetas y los bloqueos funcionan sin red una vez instalada; la copia de iCloud se escribe en tu propia base privada y no en nuestros servidores, y no hay nada que registrar.
Para seguir leyendo
- ¿Cuántas palabras hacen falta para hablar un idioma? — El tamaño del trabajo entero, por objetivo y nivel MCER.
- ¿Cuántas palabras al día? — El ritmo al que se recorre la lista elegida.
- ¿Hay que aprender las palabras en contexto? — Qué poner en la tarjeta una vez elegida la palabra.
- ¿Cada cuánto repasar el vocabulario? — Los intervalos que necesita una palabra rara para sobrevivir.
- ¿Funciona el aprendizaje pasivo? — Qué entrega la exposición sola y dónde se detiene.
- ¿Por qué olvido las palabras? — Qué le pasa a una palabra entre dos encuentros.
Preguntas frecuentes
Fuentes
- Nation, I. S. P., & Waring, R. (1997). Vocabulary size, text coverage and word lists. In N. Schmitt & M. McCarthy (Eds.), Vocabulary: Description, Acquisition and Pedagogy (pp. 6–19). Cambridge University Press.
- Nation, I. S. P. (2006). How large a vocabulary is needed for reading and listening? Canadian Modern Language Review, 63(1), 59–82.
- Schmitt, N., & Schmitt, D. (2014). A reassessment of frequency and vocabulary size in L2 vocabulary teaching. Language Teaching, 47(4), 484–503.
- Zipf, G. K. (1949). Human Behavior and the Principle of Least Effort. Addison-Wesley.
- Adolphs, S., & Schmitt, N. (2003). Lexical coverage of spoken discourse. Applied Linguistics, 24(4), 425–438.
- Hu, M., & Nation, P. (2000). Unknown vocabulary density and reading comprehension. Reading in a Foreign Language, 13(1), 403–430.
- Laufer, B., & Ravenhorst-Kalovski, G. C. (2010). Lexical threshold revisited: Lexical text coverage, learners’ vocabulary size and reading comprehension. Reading in a Foreign Language, 22(1), 15–30.
- Webb, S., & Rodgers, M. P. H. (2009). Vocabulary demands of television programs. Language Learning, 59(2), 335–366.
- van Zeeland, H., & Schmitt, N. (2013). Lexical coverage in L1 and L2 listening comprehension: The same or different from reading comprehension? Applied Linguistics, 34(4), 457–479.
- Cobb, T. (2007). Computing the vocabulary demands of L2 reading. Language Learning & Technology, 11(3), 38–63.
- Laufer, B., & Hulstijn, J. (2001). Incidental vocabulary acquisition in a second language: The construct of task-induced involvement. Applied Linguistics, 22(1), 1–26.
- de Groot, A. M. B., & Keijzer, R. (2000). What is hard to learn is easy to forget: The roles of word concreteness, cognate status, and word frequency. Language Learning, 50(1), 1–56.
- Brysbaert, M., Stevens, M., Mandera, P., & Keuleers, E. (2016). How many words do we know? Frontiers in Psychology, 7, 1116.
- Bauer, L., & Nation, P. (1993). Word families. International Journal of Lexicography, 6(4), 253–279.
- Schmitt, N., Jiang, X., & Grabe, W. (2011). The percentage of words known in a text and reading comprehension. Modern Language Journal, 95(1), 26–43.
- Nation, I. S. P., & Wang, K. (1999). Graded readers and vocabulary. Reading in a Foreign Language, 12(2), 355–380.
- Webb, S. (2007). The effects of repetition on vocabulary knowledge. Applied Linguistics, 28(1), 46–65.
- Reviews.org (2026). Cell Phone Usage Stats. Survey of ~1,000 US adults, fielded Q4 2025. Report
Los porcentajes de cobertura son estadísticas de corpus del inglés, y las cifras exactas se mueven con el corpus, el tipo de texto y la unidad contada: familias de palabras, lemas y tipos dan números distintos para el mismo texto. Las lenguas con flexión más rica o composición productiva se reparten de otra forma, así que conviene tomar los porcentajes concretos como ingleses y la forma de la curva como general. Schmitt, Jiang y Grabe (2011) encontraron además que la relación entre cobertura y comprensión es más bien lineal y no un precipicio, de modo que el 95% y el 98% son referencias útiles y no umbrales donde se enciende el entendimiento. Los recuentos de tarjetas y los totales diarios son aritmética a partir de un intento de recuerdo de unos veinte segundos, no datos medidos de la aplicación.
Pon las palabras correctas donde vas a verlas
LearnScreen mantiene en una sola cola espaciada un núcleo seleccionado y tus propias palabras, y las entrega en el momento en que coges el móvil, para que las palabras que la vida corriente nunca repite lo suficiente reciban igualmente sus encuentros.
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